Academia Olímpica

Pierre de Coubertin

Nació en París el 1 de enero de 1863. Al terminar sus estudios en un colegio jesuita, Coubertin asistió a la academia militar francesa y a la Facultad de Derecho, aunque abandonó sus estudios para centrarse en su visión de reforma educativa y en su sueño de revivir los Juegos Olímpicos con un formato más moderno.

El desarrollo del Movimiento Olímpico, del Comité Olímpico Internacional (COI) y de los Juegos Olímpicos es obra del compromiso de Coubertin. Fue él quien ideó la Carta Olímpica, el protocolo para las ceremonias de apertura y de clausura, el juramento de los atletas, los anillos olímpicos y la bandera. Desde 1896 hasta 1925, presidió personalmente el COI y, cuando abandonó la presidencia, se le otorgó el título de presidente de honor de los Juegos Olímpicos. El renacimiento de los Juegos Olímpicos es solo una pequeña parte de la labor de Coubertin. Además de haber escrito numerosas publicaciones sobre la técnica y la enseñanza del deporte, redactó también diversos estudios históricos, políticos y sociológicos de gran importancia. Su obra representa más de 60.000 páginas.

Pierre de Coubertin falleció en Ginebra el 2 de septiembre de 1937. Fue enterrado en Lausana (Suiza). Como indicó en su última voluntad, su corazón está enterrado en Olimpia, Grecia, en una estela de mármol erigida en homenaje a su dedicación al ideal y al espíritu olímpico.

FUENTES DE INSPIRACIÓN DE PIERRE DE COUBERTIN

Sus ideas de reforma educativa y su sueño de restaurar los Juegos Olímpicos demostraban claramente que Pierre de Coubertin era un hombre de su época. En la elaboración de su visión de los Juegos Olímpicos se puede ver la influencia del mundo y de los acontecimientos que ocurrían a su alrededor. Al escribir sobre el porqué de su decisión de restaurar los Juegos Olímpicos, Coubertin explicó que lo hizo para “posibilitar y reforzar el deporte, asegurar su independencia y duración y, con ello, permitir que cumpliera con el papel educativo que le correspondía en el mundo moderno, así como para glorificar a los atletas cuya actividad muscular permitía mantener el espíritu general de competición”.

Asimismo escribió: “Al revivir los Juegos Olímpicos, no me concentré en lo que me resultaba más cercano, sino en lo lejano. Quería devolver al mundo actual, y de manera sostenible, una institución antigua cuyos principios volvían a ser pertinentes”.
Para Coubertin, el deporte y el papel que podía desempeñar en la educación eran tan importantes como el resultado de la guerra franco-prusiana y los emocionantes descubrimientos que se estaban realizando en el lugar de los antiguos Juegos Olímpicos en Olimpia, Grecia.

La forma física de los franceses

Una de las primeras influencias de Pierre de Coubertin en su apasionada lucha por conseguir la reforma educativa a través del deporte fue la creencia de que sus compatriotas estaban especialmente en baja forma. Pensaba que ello había contribuido directamente a la humillante derrota de Francia en la guerra franco-prusiana de 1871 y que se debían tomar medidas para remediar la situación.

El deporte en los colegios públicos ingleses

A lo largo de los años, Coubertin había viajado a Estados Unidos, Canadá, Irlanda e Inglaterra para estudiar los sistemas educativos de los colegios y universidades de dichos países. De entre todos ellos, el sistema educativo inglés del Rugby College y la labor que él atribuyó a su director, Thomas Arnold, hicieron mella en él. Los estructurados programas deportivos de los colegios británicos para chicos le dejaron impresionado. Observó que el deporte era una parte esencial del programa y de que los chicos destacaban en esta materia. Coubertin otorgaba también la misma importancia al concepto de “caballero cristiano” de los educadores ingleses. Se trataba de un concepto que dotaba al deporte de valores sociales y morales, además de los valores físicos evidentes.

Los Juegos Olímpicos de la Antigüedad

Es normal que Coubertin, como tantos otros en Europa, se contagiara de la efervescencia que despertaban los descubrimientos arqueológicos que se estaban realizando en Olimpia, donde se habían celebrado los Juegos Olímpicos de la Antigüedad durante aproximadamente 1.000 años. Estos Juegos eran, por una parte, una celebración religiosa en honor del Dios griego Zeus y, por otra, una competición deportiva. Pierre de Coubertin veía el potencial de restaurarlos, pero añadiendo los valores educativos del deporte del siglo XIX.

Coubertin era consciente de que el programa deportivo de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad debería ser adaptado. En 776 a.C. los Juegos Olímpicos duraban un día y constaban de una única prueba deportiva: una carrera de una distancia de un estadio. En 600 a.C., los Juegos duraban cinco días e incluían pruebas ecuestres, un pentatlón (salto de longitud, jabalina, disco, lucha y una carrera), boxeo, lucha y pancracio (una combinación de lucha y boxeo), así como carreras de diversas distancias.
Pero Coubertin no se inspiró únicamente del aspecto deportivo de estos Juegos de la Antigüedad. También le interesaban la ceremonia y el protocolo. Por ejemplo, utilizó el ritual del juramento que realizaban los atletas en aquellos Juegos e introdujo una versión más moderna en los Juegos de la VII Olimpiada de 1920.

Algunos aspectos de los Juegos Olímpicos de Coubertin eran completamente modernos. A diferencia de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, en los que solo había un ganador que era agasajado y que recibía una corona de hojas de olivo, en los Juegos modernos el ganador recibía una medalla y, en su tercera edición, eran los tres primeros los que recibían medalla.

Otra diferencia significativa era la de quién podía competir. Coubertin quería que –a diferencia de lo que ocurría en la Antigüedad, donde solo los hombres y chicos que fueran libres y griegos podían competir– los Juegos modernos fueran un festival deportivo internacional. Además, las mujeres no podían competir en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad en Olimpia, excepto en las pruebas ecuestres, en las que se podía declarar ganadora a una mujer como propietaria del caballo. Desde la segunda edición de los Juegos Olímpicos modernos las mujeres ya pudieron participar, aunque Coubertin nunca había contemplado su inclusión.
Otros Juegos “Olímpicos”

Pierre de Coubertin no fue el único que se había propuesto restaurar los Juegos Olímpicos. Tampoco fue él el primero en utilizar el término “olímpico” en relación con un festival deportivo. Mucho antes de que el redescubrimiento y las excavaciones de lugar donde se celebraban los Juegos en Olimpia despertaran el interés de Coubertin, ya existían varios juegos a nivel nacional, como los Juegos Olímpicos en Cotswolds organizados por Robert Dover, los Juegos Olímpicos de Ramlösa en Suecia y los Juegos Olímpicos de Montreal. Coubertin también asistió a los Juegos Olímpicos organizados por Zappas en Grecia y a los Juegos Olímpicos de Much Wenlock en Inglaterra, fundados por William Penny Brookes, de los que se inspiró. Con todos estos ejemplos, la restauración de los Juegos Olímpicos iba por buen camino. Coubertin fue el encargado de dirigir el proceso y convertir su visión de un festival deportivo internacional en el restablecimiento de los Juegos Olímpicos en versión moderna.

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